Fe en tiempos de materialismo: espiritualidad y religión en China

La República Popular China no es el bastión del ateísmo que muchos todavía imaginan. Tras la histórica supresión de toda manifestación religiosa durante la Revolución Cultural, el país asiste hoy a un auténtico resurgir del sentimiento espiritual y religioso. ¿Cómo responde el Partido Comunista Chino (PCCh), la mayor organización atea del mundo, ante los desafíos que pueden plantear los grupos movidos por algo tan transformador como la fe?.

Hubo un tiempo en que China se gobernaba prácticamente desde sus templos, centros de culto espiritual diseminados por los pueblos y ciudades del vasto imperio. Aquellos no eran solo espacios en los que honrar a un dios o conmemorar un día sagrado; también eran lugares donde un comité local decidía y manejaba todos los aspectos de vida de la comunidad. Los templos eran espacios de reunión, proclamas y castigos. Lugares sagrados convertidos en auténticos centros de poder.

El sistema religioso estaba totalmente integrado en el sistema político, como un pegamento que mantenía aglutinada a la sociedad. A la cabeza se hallaba el emperador, “hijo del Cielo” y representante de este en la Tierra. Es por ello por lo que, cuando los revolucionarios de finales del siglo XIX se propusieron tirar abajo el sistema, empezaron por la religión.

Es preciso recordar que las doctrinas mayoritarias de entonces —budismo, confucianismo y taoísmo— no funcionaban como instituciones separadas, con su masa de creyentes y estructura orgánica propias, sino que la gente creía en una amalgama de fes a las que a menudo se ha referido simplemente como “religiones chinas”. El sentimiento religioso no era tanto una cuestión de etiquetas, de esta o aquella identidad, sino una cuestión de comunidades con dioses, días sagrados y ritos propios. Por ello tiene más sentido hablar de fes que de religiones.

Se calcula que el país tenía en torno a un millón de templos a comienzos del siglo XX, con pueblos que acogían varios lugares de culto. Fuente: ArchitectureIMG.com

La última dinastía

El que siguió a la caída de la dinastía Qing en 1912 fue uno de los mayores movimientos antirreligiosos de la Historia. El fenómeno ocurría en una época de declive de la civilización china tradicional y la consiguiente crisis de confianza. El sentimiento de superioridad de la cultura china que caracterizaba a la sociedad del Imperio del Medio no duraría más que hasta el encuentro con Occidente en las guerras del Opio (1839-1842 y 1856-1860). Aquella serie de derrotas militares transformaron dicho sentimiento en una necesidad de grandes cambios para poder sobrevivir. No bastaba con nuevas políticas, ni siquiera con una nueva dinastía: había que tirar todo el sistema abajo.

Paralelamente, una fe extranjera crecía cada día en número de adeptos. Al contrario que el islam, que permanecía casi confinado en una región periférica desde hacía siglos, el cristianismo comenzó a extenderse por las clases más influyentes, acelerado por la llegada de misioneros cristianos tras las derrotas chinas en las guerras del Opio. Y esta fe atrajo la mirada de los reformadores, que veían en Occidente una fuente de inspiración para la construcción del nuevo régimen. La atrajo hasta el punto de que se propusieron destruir todo aquello que no se asemejara a las prácticas cristianas tachándolo de superstición. Así comenzó la limpieza religiosa, con la implementación del cristianismo como método para acabar con las viejas formas. Desde el fin del imperio a la victoria comunista en 1949, alrededor de la mitad de los templos que poblaban China a final de siglo fueron destruidos o destinados a otros usos.

El líder del Kuomintang, Chiang Kai-shek, reza en una iglesia en Nanjing en 1948. Fuente: Everyday Life in Maoist China

Religión en la era comunista

Durante los primeros años de la República Popular China, todavía se toleraba la religión. Se permitió a budistas, taoístas, musulmanes, católicos y protestantes —las cinco religiones oficiales— formar asociaciones y dirigir los templos, mezquitas e iglesias que quedaban en pie. Pero esta situación no duraría mucho: en los 50 Mao empezó a suprimir la actividad religiosa, y para cuando lanzó la Revolución Culturalen el año 66 el PCCh comenzó uno de los asaltos a la religión más atroces de la Historia. Todos los lugares de culto se desmantelaron o se convirtieron en fábricas u oficinas del Gobierno. Monjes de todas religiones fueron obligados a casarse o enviados a prisión y otros tantos comenzaron a reunirse en secreto y tratar de guardar sus escrituras y manuales de rito. Se prohibió la práctica de cualquier forma física de espiritualidad, como la meditación y muchas artes marciales. La única forma de culto permitida era el culto a Mao; algunos incluso le rezaban. Parte de esto era bajo coacción —no mostrar suficiente fervor revolucionario era motivo de cárcel o muerte—, pero para muchos constituía un buen sucedáneo de religión a falta de libertad para profesar otras fes.

Pero Mao no era ningún dios, y cuando murió muchos no supieron cómo canalizar sus miedos y aspiraciones. El partido respondió con un intento de volver a los 50 y en 1982 publicó el llamado Documento 19: “El punto de vista y política básicos sobre la cuestión religiosa durante el período socialista de nuestro país”. Se trata de un texto en el que se reconocen los errores del periodo maoísta y se establece un renovado “respeto y protección de la libertad de creencia religiosa”. Los líderes del PCCh parecían convencidos de que el sentimiento religioso moriría con las generaciones anteriores a 1949. Como resultado, se alcanzó un equilibrio reflejado hoy en la tolerancia por parte del Gobierno de aquellas expresiones religiosas que discurren por canales oficiales y no amenacen la estabilidad o el orden impuesto por el partido. Esto se traduce en un estricto control gubernamental de los templos, mezquitas e iglesias que se reabrieron tras el Documento 19 y un pequeño o nulo espacio de la religión en la esfera pública y los medios de comunicación.

El resurgir de la fe

El colapso del maoísmo tras su muerte tuvo un doble efecto en la sociedad. Por un lado, la libertad de creencia religiosa aumentó paulatinamente y se ampliaron los márgenes de sus distintas manifestaciones. Por otro, dejó un vacío espiritual que, décadas después, empujaría a la gente a preguntarse por la felicidad más allá de las ganancias materiales. En 2005 se calculó que cerca de 300 millones de chinos —el 31% de la población— eran religiosos, tres veces más que la anterior aproximación oficial. El cristianismo es la religión que más rápido crece; algunas investigaciones han concluido recientemente que su número de creyentes en China alcanza los cien millones —comparados con los 89 millones de miembros del PCCh—.

Fuente: Reuters

Hay minorías étnicas en China —como los budistas tibetanos o los uigures musulmanes— que siempre han tenido presente la religión, a menudo como forma de resistencia frente a un Estado opresor. Pero la espiritualidad o el sentimiento religioso también se está abriendo paso entre los chinos de etnia han, el grupo al que pertenece el 91% de la población. Y, aunque China es el país más irreligioso del mundo, la religión se ha convertido en un sistema de apoyo para quienes no encuentran suficientes respuestas en la sociedad secular. Ya no es cosa de grupos marginales, sino también de los grupos más beneficiados por el despegue económico.

 

Los peligros de la meditación

El PCCh observa con cautela el estallido del sentimiento religioso, temeroso de los desafíos que podría plantear al statu quo. El episodio más significativo tuvo lugar en 1999 —y en adelante— con la prohibición del movimiento Falun Gong. Falun Gong —o Falun Dafa— se originó a finales de los 80, en pleno boom de las prácticas chi kung, centradas en la salud como la meditación, el taichí y la acupuntura. Durante este periodo proliferaron numerosos grupos que atrajeron la atención de cientos de millones de personas hacia estas prácticas, sobre todo gente de entornos urbanos. Pero Falun Gong se diferenciaba del resto de grupos en la medida en que combinaba las prácticas físicas con enseñanzas morales y espirituales. Se trata de una organización sin estructura jerárquica, sin membresías, sin espacios para la adoración. La autoridad espiritual e ideológica del movimiento se concentra en su líder, Li Hongzhi —quien habló en alguna ocasión de visiones apocalípticas y advirtió de la existencia de alienígenas—. ¿Religión? ¿Culto? ¿Secta? Para el tema que nos ocupa, un movimiento espiritual pacífico cuyas cifras de seguidores han terminado por asemejarse a las de los miembros del PCCh.

El emblema falún muestra diversos taijitus —símbolos del yin y el yang— y sauvásticas, símbolo de buena fortuna conocido en China como wan. Fuente: Wikimedia

A medida que crecía la popularidad de Falun Gong, incluso entre los chinos de la diáspora, también lo hacían los miedos del por aquel entonces presidente Jiang Zemin. La campaña de demonización del movimiento escaló en abril de 1999 cuando cerca de 10.000 practicantes se reunieron en Pekín para protestar contra el Gobiernoy demandar el fin del acoso mediático. Aquel episodio supuso el mayor incidente político desde las protestas estudiantiles de Tiananmén una década antes. Fue entonces cuando el Gobierno se propuso acabar con la organización declarándola ilegal y procediendo a la quema de libros y la detención de sus seguidores, que se cuentan por decenas de miles. Ethan Gutmann, autor de La masacre, calculó que al menos un 15% de la población encarcelada en campos de trabajo para la “reeducación” pertenecían a Falun Gong. Organizaciones de derechos humanos denunciaron que los detenidos estaban siendo objetos de trabajos forzados, torturas, ejecuciones arbitrarias y sustracción de órganos.

Hoy Falun Gong es uno de los mayores movimientos opositores al Gobierno chino, con millones de practicantes dentro y fuera de las fronteras del país. En Hong Kong el grupo ha desarrollado conexiones con otros grupos prodemocracia y continúa convocando manifestaciones y participando cada año en la conmemoración de la masacre de Tiananmén y las marchas del 1 de julio. En Taiwán, donde el grupo tiene una presencia muy significativa, participan en las campañas contra la anexión a la República Popular.

Practicantes occidentales de Falun Gong durante una protesta en Tiananmén en 2001. Fuente: Minghui

La persecución del grupo es un ejemplo de la necesidad del partido de acabar con toda organización que suponga una remota amenaza al orden existente, pese a que Falun Gong es una organización sin historial de violencia o actividades terroristas, salvando el incidente en Tiananmén en 2001, en el que cinco supuestos seguidores se quemaron a lo bonzo y dos murieron. La gran ironía de este oscuro episodio es que el Gobierno chino convirtió a Falun Gong exactamente en aquello que temía.

 

No es país para creyentes

El partido responde con cierta flexibilidad ante los grupos religiosos guiados y financiados desde China, pero aquellos con conexiones en el exterior, como los budistas tibetanos y su exiliado dalái lama, los musulmanes inspirados por movimientos islámicos mundiales o los cristianos que se vuelven al exterior en busca de liderazgo, son sistemáticamente perseguidos. De ahí los recientes episodios de demolición de iglesias o la eliminación de más de 1.200 cruces cristianas desde 2013, en lo que muchos perciben como un intento de frenar la expansión del cristianismo en el país, o la exigencia del Gobierno de que los musulmanes —uigures, kazajos, kirguises— entreguen sus copias del Corán so pena de castigo.

La nueva búsqueda de espiritualidad es más profunda que cualquier otra expresión de insatisfacción con objetivos a pequeña escala. Si bien es cierto que la fe puede ser una vía de escape a la política, también lo es que puede inspirar la acción social. Los movimientos espirituales y religiosos tienen la capacidad de transformar radicalmente una sociedad, porque ofrecen un proyecto alternativo de sistema y la fe es un poderoso pegamento aglutinador. O bien, como en el caso de los uigures musulmanes o los budistas tibetanos, puede ser una forma de resistencia contra el régimen opresor. Es por ello por lo que China teme tanto las manifestaciones religiosas desde el momento en que comienzan a escapar al control gubernamental.

AUTORA: ESTHER MIRANDA

FUENTE: EL ORDEN MUNDIAL

«Encargadas de género» en Chile: marxistas culturales buscan poner fin a la presunción de inocencia

“Encargadas de género”, concejalas y diputadas comunistas chilenas presentan proyecto de ley para invertir la carga de las pruebas a los acusados de violación, y que sean estos los que presenten pruebas de su inocencia.

En medio de las campañas mediáticas como #MeToo en EE. UU. y el rechazo al veredicto contra “La Manada” en España, donde activistas han tomado desde las calles hasta las mayores premiaciones de cine internacional para visibilizar denuncias de abuso sexual, Chile se suma a la ola con diputadas del Partido Comunista (PC) exigiendo una reforma en el artículo 361 del Código Penal para que el delito de violación incluya una cláusula de consentimiento para que sea el acusado quien demuestre ser inocente y no la acusada de a quien se acusa es el culpable. Es decir, pretenden poner fin a la presunción de inocencia y del principio penal según el cual la parte acusadora corre con la carga de las pruebas.

De acuerdo con el sistema de justicia existente, para tener un juicio justo, que no prejuzga, un tribunal considera que se es inocente hasta demostrar lo contrario. Hasta que no se emita una sentencia indicando culpabilidad, el acusado es inocente.

Ahora, las diputadas comunistas Karol Cariola, Camila Vallejo y Carmen Hertz, en coalición con las encargadas de género del PC y de las Juventudes Comunistas, las concejalas Natalia Cuevas e Irací Hassler, proponen no solo cambiar un artículo del código penal, sino sacudir los cimientos de la base misma de la justicia, que es la presunción de inocencia.

Según reporta El Siglo de Chile, el proyecto de ley es “un llamado para que la legislación chilena pueda ponerse en el marco de los derechos de las mujeres y su capacidad de decidir y tener un marco que le permita establecer el consentimiento”.

Es decir, en lugar de apelar a la igualdad, como alega el feminismo, pretenden dar un trato desigual ante la ley y no considerar a la mujer como individuo, sino como acreedora de derechos colectivos.

“Con esta nueva definición, la carga de la prueba se cambia. En este caso el victimario tiene que probar que no cometió la violación. Actualmente es la víctima la que lo tiene que probar. El caso es que la mujer en esta actual definición arcaica en el Código Penal, es considerada un objeto sexual”, dijo la diputada Hertz, a quien se recuerda por haber acusado al diputado y candidato presidencial chileno José Antonio Kast de incitación a la violencia, cuando en realidad su pareja hizo un llamado a silenciar a Kast y reprimirlo a “a palos si es necesario”.

El mismo medio citó a la encargada de Mujeres y Género de las Juventudes, quien dijo que “este proyecto se hace cargo, especialmente (no específicamente, N. del. R.) en las mayores de 14 y menores de 18, en que sean ellas quienes tengan que consentir un acto sexual y por tanto, que la prueba quede en los victimarios que deben probar que esas mujeres consintieron el acto sexual”.

Asimismo, citó a la encargada de Mujeres y Género del PC, quien dijo que “nuestra legislación actualmente no está protegiendo del todo a la mujer como sujeta de derechos, ni como alguien que pueda vivir libre de violencia. Establecer el consentimiento es una garantía de derechos humanos que nuestro país debe respetar”.

Hasta ahora, el Código Penal, Artículo 361, establece que:

“La violación será castigada con la pena de presidio mayor en su grado mínimo a medio. Comete violación el que accede carnalmente, por vía vaginal, anal o bucal, a una  persona mayor de catorce años, en alguno de los casos siguientes:

1º Cuando se usa de fuerza o intimidación.

2º Cuando la víctima se halla privada de sentido, o cuando se aprovecha su incapacidad para oponerse.

3º Cuando se abusa de la enajenación o trastorno mental de la víctima”.

Ya en redes sociales han surgido, en parte como sátira de la medida propuesta y en parte como estrategia preventiva, formularios de consentimiento donde la mujer autoriza al varón proceder con el acto sexual para luego ser redimidos frente a acusaciones penales.

Los formularios satíricos oscilan desde ofertas con preservativos hasta consentimiento a cada parte del acto sexual. (Twitter)

En caso de que este formulario broma llegara a ser tomado en serio por quienes quieren eliminar la presunción de inocencia, ¿un violador no podría conseguirse una firma también a la fuerza?

El PC de Chile muestra cómo el feminismo ha sido (basta con estudiar cómo el movimiento promovió la prohibición del alcohol en la década de los años 20) y es un instrumento para que el Estado tenga una influencia cada vez más presente en la vida de cada individuo, y, si logran su cometido, hasta en la vida sexual de cada persona. Pues llevan su ataque a la propiedad privada hasta lo más íntimo.

 

A través de redes sociales, la diputada Vallejo indica que “debemos luchar por un sistema en el que nadie se quede afuera”. Sin embargo, promueve una medida contra una parte de la sociedad y a favor de otra, donde trata a la mujer no como una ciudadana responsable de sus actos, sino como un ser vulnerable que debe ser protegido por el Estado, mientras que a los hombres les niega la base misma de la justicia que es la presunción de inocencia.

Si, por el contrario, la medida se tratase de forjar una sociedad donde el consentimiento es clave, no reduciría a la mujer como víctima institucionalizada sino como parte igual en un intercambio. Se respetaría la primera propiedad privada, el cuerpo, se trataría a cada individuo con igualdad ante la ley, como persona. No como pretenden las diputadas, que están socializando el cuerpo para sus causas que llevan la división de la lucha de clases del comunismo a la guerra entre sexos, donde el uno es oprimido y el otro opresor, de modo que el varón es culpable hasta demostrar lo contrario y la mujer incuestionable.

A un crimen que atenta contra lo más privado pretenden enmendarlo con más injusticia. Pasando por alto que toda denuncia requiere pruebas. Por ello, para lograr una sociedad equitativa se requiere trato igualitario, no preferencial ni perjudicial. Así como proteger a las víctimas exige un sistema de justicia imparcial, no sesgado.

AUTORA: MAMELA FIALLO
FUENTES: PANAM POST // FUNDACIÓN LIBRE

Planned Parenthood ha invertido 5 millones de dólares en promocionar el aborto en Argentina

La multinacional del aborto tiene como uno de sus principales objetivos la legalización de la práctica en todo el mundo para aumentar el negocio. Algunas de las principales entidades subvencionadas forman parte de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto legal, Seguro y Gratuito.

Ahora que el Parlamento está debatiendo los detalles de una ley que permita el aborto legal en Argentina, pese a que el presidente Macri se declaró provida durante la campaña electoral, cabe recordar cómo la industria del aborto ha subvencionado el movimiento feminista en el país.

La International Planned Parenthood Federation transfirió una cantidad equivalente a más de 5 millones de dólares en los últimos 10 años a varias organizaciones locales que han protagonizado los reiterados intentos de presentar una proposición de despenalización del aborto en Argentina.

Fundamentalente, a través de FUSA, una organización que dice promocionar la salud entre los adolescentes, pero que dedica buena parte de sus esfuerzos en incentivar la práctica del aborto.

La segunda entidad proaborto que más fondos ha recibido en los últimos años fue el grupo autodenominado ‘Católicas por el Derecho a Decidir’

Tal y como ha desvelado Unidad Provida de Argentina, que agrupa a un centenar de asociaciones protectoras de la vida humana, FUSA habría recibido más de 3 millones de dólares de Planned Parenthood.

La segunda entidad proaborto que más fondos ha recibido en los últimos años fue el grupo autodenominado ‘Católicas por el Derecho a Decidir‘, (un grupo absolutamente contrario a los postulados de la Iglesia Católica a pesar de que usurpa su nombre) con cerca de 1,2 millones de dólares.

Otras organizaciones feministas y favorables a la implantación del aborto libre en el país que han recibido fondos de la industria del aborto son CEDES, Asociación Civil Pro Amnistía (filial de Amnistía internacional, que también presiona a favor del aborto en Irlanda), Fundación Huésped, Fondo de Mujeres del Sur, Universidad de Palermo, CELS, FEIM Argentina y Centro de Estudios Sociales y Políticos, con cantidades entre los 5.000 y los 200.000 dólares.

Todas estas cifras pueden consultarse en detalle en la propia web de recursos financieros de la Internartional Planned Parenthood Federation.

AUTOR: NICOLÁS DE CÁRDENAS

FUENTE: ACTUALL

Nueva y multitudinaria Marcha por la Vida

En distintos puntos del país y con un acto central frente al Congreso Nacional en Buenos Aires, se realizó una nueva concentración. Con la consigna «salvemos las dos vidas», más de dos millones de personas pidieron rechazar el proyecto de despenalización del aborto.

A poco menos de un mes para el tratamiento de la despenalización del aborto en el Congreso de la Nación Argentina, se realizó este domingo una nueva y multitudinaria Marcha por la Vida en distintos puntos del país.

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Con la consigna «salvemos las dos vidas», más de dos millones de personas se movilizaron en todo el país para rechazar el proyecto de legalización del aborto.

 

La marcha central se llevó a cabo en la Ciudad de Buenos Aires, donde varias columnas de personas se movilizaron desde plaza de Mayo hasta el Congreso, donde hubo en acto que duró unos 45 minutos, y en el que se leyó un petitorio dirigido a los legisladores, solicitándoles la defensa de la vida «desde la concepción» y que no haya ninguna ley de aborto «sin concesiones», es decir, sin considerar casos excepcionales. Además, se pidió la derogación del protocolo que en nueve provincias permite practicar abortos en casos excepcionales, como en el contexto de una violación.

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Alejandro Geyer, organizador de la marcha, calculó que la movilización del 25 de marzo reunió a dos millones de personas en todo el país, y consideró que esta nueva edición de la marcha convocó a más gente: «Desde que se inició el debate en el Congreso, muchas personas que hasta entonces no tenían una opinión formada sobre el tema, ahora ya se pronunciaron, ya sea a favor o en contra del proyecto».

Para el acto central se montó un escenario frente al Congreso, en el cual brindaron su palabra grupos religiosos, médicos y famosos de distintos ámbitos, como Maru Botana, Amalia Granata, Rolando Hanglin y Gastón Recondo.

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«A los habitantes de las localidades más chicas les pedimos si pueden acercarse a alguna ciudad más grande cercana», explicó Geyer mientras organizaba la movilización, con el fin de facilitar la organización de la marcha. Para diferenciarse de los emblemáticos pañuelos verdes de quienes apoyan la despenalización, los manifestantes de ayer adoptaron como símbolo el «pañuelo celeste provida».

«La ciudadanía esta acá para expresar que nada que sea un delito puede ser legal y que el aborto es ilegal», sostuvo Mariana Rodríguez Varela, una de las manifestantes que tomó notoriedad al repartir bebitos de yeso en las marchas e incluso llevarlos a la Quinta de Olivos para dárselos al presidente Mauricio Macri.

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«Este es el reclamo del pueblo. No queremos el aborto en nuestro país. Despenalizar es un error, está comprobado en todos los países que lo hicieron que aumenta la cantidad de abortos, aumenta la mortalidad de la mujer», señaló uno de los manifestantes.

Otro de los ciudadanos que se acercó al Congreso explicó: «la ciencia ha demostrado hasta cansarse que la vida comienza desde el primer instante de la concepción, por lo que el derecho a vivir es el primer derecho de un ser humano».

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Las audiencias para debatir la despenalización comenzaron el 10 de abril, y se celebran todos los martes y jueves. Los diputados continuarán con este esquema de trabajo hasta fin de mes, cuando se agote la lista de oradores. El 13 de junio se debatirá el proyecto en Diputados.

FUENTE: CRONICA

La Globalización pasa de moda: porqué los populistas arrasan con la política tradicional

En la Argentina debería leerse con esmero el siguiente texto. La globalización ya no es parte de la agenda de las multinacionales poderosas. En tanto, la clase media occidental confiaba en la efectividad de sus políticos y le era fiel, fue traicionada tanto por derecha como por izquierda convencional. Por lo tanto, le ha declarado su pasión a los populistas. El artículo es un extracto actualizado del ensayo publicado en la revista Polis, de Moscú (Rusia). Además de los autores, colaboraron Dr.Sc. Victor Sergeev y Ph.D. Andrei Kazantsev. Es otro hallazgo y traducción de Hernando Kleimans.

MOSCÚ (Gazeta.ru). En 2016 el mundo fue conmovido por el inesperado éxito de los euroescépticos en el referendo de Gran Bretaña, con una participación de más del 72%; y la victoria de un outsider sin experiencia política como Donald Trump, en las primarias del Partido Republicano y luego en la derrota de quien parecía vencedora sin alternativas, Hillary Clinton, en las elecciones presidenciales de los EE.UU.

La señal de alarma para los partidos del ‘Sistema’ y centristas sonó bastante antes, pero no la escucharon. En el curso de varios años los populistas del italiano “Movimiento 5 Estrellas” encabezados por el satírico Beppe Grillo, políticamente incorrecto; y el partido radical español “Podemos”, conducido por el politólogo Pablo Iglesias, restaron votos a los viejos partidos. En Grecia, como resultado de la crisis financiera y gubernamental, la coalición radical de los populistas de izquierda “Syriza”llegó al poder en las elecciones parlamentarias de 2015.

En 2017 continuó la tendencia a consolidar las fuerzas antisistémicas. EnFrancia y Alemania, los populistas del “Frente Nacional”, de Marine Le Pen, y el partido “Alternativa para Alemania” se enfrentaron con éxito a los candidatos del mainstream político. En República Checa el partido populista del multimillonario y magnate mediático Andrej Babiš “ANO 2011” (Akce Nespokojených Občanů 2011, es decir, Acción de Ciudadanos Insatisfechos 2011) venció en las elecciones parlamentarias.

En 2018 los euro-populistas fortalecieron sus posiciones: el “5 Estrellas”en el curso de las elecciones generales en Italia obtuvo el 32% de los votos.
 

El resultado consiste en que todo el esquema político posbélico cruje por las costuras. En los sistemas anglo-sajones se deforma el consenso de los partidos del mainstream con el quiebre de la unión entre los conservadores y los liberales. En los sistemas políticos continentales europeos se desploma la unión entre los conservadores y los socialistas, establecida tras finalizar la Guerra Fría.

La transformación más asombrosa ocurrió en Francia y, quizá, en Polonia.

 

Marine Le Pen.
Marine Le Pen.

En 2016-2017 la V República debió cumplir una obligada recarga de su espacio partidario-político. En las mejores tradiciones de la tecnología política local, en apenas un año antes de las elecciones presidenciales se creó el movimiento “¡En Marcha!”, que encabezó el desconocido jovenEmmanuel Makron, ex directivo del Rothschild Bank. Sin participar en las primarias de los gaullistas o de los socialistas, que conservaban el puesto de Presidente, surgió en las elecciones como un nuevo héroe nacional, venció a Marine Le Pen y luego conformó una nueva mayoría en el parlamento, anulando en mucho las posiciones de los dos partidos más viejos de Francia.

En Polonia, el partido gobernante Ley y Justicia (en polaco, Prawo i Sprawiedliwoś), de Andrzej Duda, no sólo desplazó a los euro-optimistas y centroizquierdistas de “Plataforma Cívica”, de Donald Tusk, sino que se lanzó a realizar una política que difícilmente se pueda definir. Esta última conjuga en sí las formas izquierdistas en la economía (reducción de la edad jubilatoria, subsidios para familias con dos o más hijos) y extremadamente derechistas en la política cultural y nacional.

 

Andrzej Duda, Ley y Justicia, presidente de República Checa.
Andrzej Duda, Ley y Justicia, presidente de República Checa.

 

La anterior armonía

¿Cómo el mainstream (tendencia o mayoritaria o dominante) perdió su respaldo?

En la Europa Occidental de postguerra el enfrentamiento entre los partidos de izquierda y de derecha durante largo tiempo fue la base del proceso político. En los años ’90, por la incidencia del quiebre del bloque socialista, esa competencia decayó abruptamente. Los centroizquierdistas renegaron de la idea de crear una economía sin propiedad privada. Los centroderechistas no se apresuraron a recuperar el capitalismo siglo XIX, no regulado por el Estado.

Así, ocurrió una unificación paradójica de la agenda de la centroderecha -con acento en el papel especial del libre mercado-; y de la centroizquierda-con énfasis en el elevado protagonismo de los gobiernos en el reparto de los bienes económicos, así como en el respaldo a las minorías culturales, sociales, sexuales y demás

Fundamento para la formación de la unión de los partidos del mainstreamfue el centrismo económico. En el mensaje a la nación de 1944, Franklin Roosevelt, por primera vez introdujo la idea del cálculo del Producto Interno Bruto. Desde entonces, asegurar el crecimiento del PIB se convirtió en tarea clave de cualquier gobierno, de izquierda o de derecha.

Independientemente de los resultados de las elecciones, el curso político del gobierno nacional permaneció invariable.

Se determinaba por concepciones de pragmatismo económico. La necesidad de mantener con medidas de mercado el crecimiento económico, comprendido como crecimiento del PIB, no se discutía por ninguna de las fuerzas políticas líderes.

La derrota de la URSS en la Guerra Fría condujo a que no sólo los partidos de centroderecha y conservadores, sino los renovados socialistas (por ejemplo los laboristas en Gran Bretaña) y los liberales (por ejemplo el Partido Demócrata en los EEUU) practicaran la introducción del mercado libre en todas las regiones que fuera posible.

La segunda tarea clave de la clase política fue la realización de una política social que eludiese los extremismos, capaces de generar acusaciones de “social-darwinismo”, eugenesia o racismo.

La nueva política social, el multiculturalismo y su conformación discursiva en la forma de principios de tolerabilidad, se convirtió en parte inalienable del mainstream, un aporte original de los centroizquierdistas y socialistas al capital estatutario de la “nueva compañía conductora”.

 

Franklin D. Roosevelt.
Franklin D. Roosevelt.

 

La erosión de la clase media

El respaldo social a los partidos del mainstream se construyó sobre el crecimiento de la “clase media” y la gradual desaparición de la clase obrera. Esta última desaparecía debido a la transferencia de producciones a los países en desarrollo (outsourcing).

El crecimiento de la economía en los ’90 en los países de Occidente, al parecer, elevaba todas las naves, incluyendo amplias capas de la “clase media”. Tal como señala el economista de Harvard, Dani Rodrik, en el libro “Paradojas de la globalización”, las economías más abiertas y globalizadas de Europa (tales como las de Holanda y Suecia, donde los gastos presupuestarios ascienden al 50% a 60% del PIB) crearon al mismo tiempo poderosísimas redes de previsión social para la clase media. La política de apertura económica marchaba en paralelo con el fortalecimiento del Estado.

Las economías más fuertes y autosuficientes, como la de los EE.UU., al principio tuvieron una menor motivación para la creación del welfare state. La política mantenida aumentaba la inequidad. El economista norteamericano Branko Milanovic, en el libro “Inequidad global. Nuevo enfoque para la época de la globalización”, señala que durante los recientes 30 años fueron dos grupos de población los que más ganaron a escala global.

En un 70% a 80% creció el ingreso real de la clase media de China, que salía de la pobreza, y de algunas otras economías emergentes (incluyendo, en parte, a Rusia).

> El 2do. grupo que ganó por la globalización resultaron los ricos y los súper ricos. Los ingresos del 1% de los más ricos en el reparto global (3% a 6% de los habitantes más ricos de los EE.UU. y la UE y el 1% de los ciudadanos más ricos de las economías emergentes) crecieron en un 50%.

Francis Fukuyama, reconocido por sus predicciones del fin de la historia y la falta de alternativas al orden liberal, ya en 2012 en su artículo “El futuro dela historia”, advertía que la forma corriente del capitalismo global barre la base social de la clase media, en la que se apoyan las democracias liberales para su existencia.

 

Francis Fukuyama dio el alerta en 2012.
Francis Fukuyama dio el alerta en 2012.

Los ingresos reales de la clase media en los países desarrollados en los últimos 30 años cayeron en un 5%. Enfrentados con la competencia por parte de los migrantes, los cuellos “azules” y en parte “blancos”, resultaron en una situación aún menos cómoda. La reducción o el estancamiento de sus ingresos se convirtieron en tendencia a largo plazo.

 

Golpe de derecha

La clase media tropezó con una doble traición a sus intereses, tanto de parte de los derechistas como de parte de los representantes de la izquierda en el mainstream.

Los centroderechistas tradicionalmente se pronuncian por la reducción al máximo de las barreras en el comercio internacional, por la libertad del movimiento transfronterizo de los capitales y respaldan la globalización.Pero hablar de que todos resultan gananciosos no es verdadero. Son importantes los efectos distributivos.  Las redes de previsión social y de redistribución en las economías desarrolladas e hiperglobalizadas al estilo de Holanda y Alemania disimulan los efectos negativos de la globalización.

En los EE.UU. la situación es distinta. Por ejemplo, luego de entrar en vigor el NAFTA (North American For Trade Agreement o Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte) preparado por los republicanos para el libre comercio entre los EE.UU., México y Canadá, en 1995 comenzó un proceso de outsourcing masivo de las compañías estadounidenses a los clústeres industriales en el norte de México debido a la enorme diferencia entre los dos países en el pago del trabajo y a una conveniente logística.Como resultado, entre 1998 y 2005 los estados de USA del “cinturón oxidado” (Michigan, Ohio, Pennsylvania) perdieron más del 20% de puestos de trabajo.

Los beneficios de la globalización, en lo fundamental, fueron privatizados por las élites que recibían una parte mayor no proporcional del crecimiento del PIB en tanto que los gastos se socializaban. Los centroderechistas se inquietaron poco por la calidad de los nuevos puestos de trabajo para la ex clase media.

 

Los centroderechistas se inquietaron poco por el escaso beneficio de la globalización para las clases medias y obreras.
Los centroderechistas se inquietaron poco por el escaso beneficio de la globalización para las clases medias y obreras.

 

Y golpe de izquierda

El barrido de la lealtad de la clase media en relación con el flanco izquierdo del mainstream político transcurrió por otra línea.

En primer lugar, las centroizquierdas no protestaron contra la política pro-globalizante y plutocrática de las derechas.

En segundo lugar, las izquierdas se concentraron cada vez más en cuestiones de “corrección política” y de ”discriminación en reversa” (de privilegios para capas otrora sometidas, en particular mujeres, y representantes de cualquier minoría).

Y, lo que probablemente sea lo más importante, la estimulación de la migración.

Junto con el crecimiento del número de migrantes se reforzó abruptamente el papel de la “discriminación positiva” en la realización de los programas sociales, y los elementos de las sociedades multiculturales comenzaron a introducirse como estándar nacional.

Los migrantes, gradualmente, comenzaron a percibirse como una amenaza por los representantes de la clase media. Es comprensible la génesis de este fenómeno. A mediados del siglo XIX, el antagonismo marxista entre ricos y pobres tenía un carácter internacionalista claramente expresado. La diferencia entre los países ricos y pobres en el nivel de los ingresos medios no era mayor que en 5 veces.

En el siglo XXI, el bienestar de un determinado ciudadano depende en menor medida de la pertenencia de clase y en mayor medida del lugar en que nació: creció radicalmente la desigualdad entre países.

El representante promedio del 10% de los estadounidenses más pobres es más rico que el 90% de los indios. En correspondencia, la lucha de clases, tal como afirma Branko Milanovich en su artículo «Global Inequality: From Class to Location, from Proletarians to Migrants», en parte se transformó en migración laboral.

La clase media occidental no quiere ver al migrante como su contrincante en la repartija de la torta del welfare state. No es en aras de los migrantes que trabajan los representantes de la clase media que habitan las regiones urbanas no ricas. Los políticos que resuelven la recepción de migrantes no se convierten en sus vecinos directos, la propiedad de los representantes de la clase media puede desvalorizarse debido a la vecindad de comunidades de otras culturas.

El respaldo a los migrantes, la corrección política y el multiculturalismo son símbolos de la fe del mainstream de izquierda, un original resarcimiento de las deudas del imperialismo, del comercio desigual y de la explotación en el pasado, es el peso que lleva el hombre blanco en el siglo XXI.

 

Migrantes centroamericanos en México, durante su ruta a USA. / REUTERS/Jose Jesus Cortes
Migrantes centroamericanos en México, durante su ruta a USA. / REUTERS/Jose Jesus Cortes

 

La alternativa populista

Como resultado de la fractura de los partidos de izquierda y de derecha con respecto a sus tradicionales electores, aparecieron nichos electorales que antes parecían totalmente cerrados por los partidos masivos del siglo XX. Los partidos alternativos surgidos no pueden ser catalogados como alguna variante de la ideología política tradicional.

En el ámbito de la economía, ellos reemplazan el econometrismo tradicional para el mainstream por el populismo. Las principales características de los nuevos populistas son: en economía, la redistribución; en la movilización de partidarios, la imagen del enemigo; en la agenda ideológica, el anti globalismo y el anti elitismo.

Si un migrante es declarado enemigo, la resolución es proteccionismo y modificación de los programas sociales para migrantes; si es enemigo de los ricos, impuestos para los ricos y aumento de los programas de welfare.

La lógica es sencilla: cuanto más seria sea la grieta entre pobres y ricos tanto más conveniente para los pobres será la estrategia de redistribución (y no el crecimiento del PIB transformado en fetiche por el mainstream, ya que los frutos de este crecimiento en condiciones de elevada inequidad se derivan exclusivamente para los ricos). Esto último es exactamente el populismo económico.

Los economistas Rüdiger Rudi Dornbusch y Sebastián Edwards Figueroa, en el libro “Macroeconomía del populismo en América Latina”lo determinan así: “la política acentuada en la redistribución de recursos sin atender los riesgos inflacionarios y fiscales, así como subvalorando la reacción de la economía a las medidas gubernamentales fuera de mercado”. El acento en la redistribución se traslada exitosamente de América Latina al terreno estadounidense y europeo.

El populismo de derecha se concentra en el nacionalismo y el proteccionismo y, correspondientemente, se focaliza en la redistribución de los puestos de trabajo de los migrantes o de los mercados laborales foráneos excesivamente abiertos en beneficio de la población local.

El populismo de izquierda se concentra en la lucha de clases y declara imprescindible la redistribución de las ganancias de las capas ricas hacia las pobres.

El populismo híbrido (el Frente Nacional en Francia) utiliza ambos recursos.

 

La verdadera grieta que la política tradicional no vio venir: sólo economías sanas pueden garantizar el welfare state que asegura la paz social.
La verdadera grieta que la política tradicional no vio venir: sólo economías sanas pueden garantizar el welfare state que asegura la paz social.

¿La tercera traición?

Hacia 2018 las perspectivas electorales de los movimientos alternativos se hicieron evidentes para muchos. Pero ¿qué hacer con el viejo contorno tecnocrático de dirección, que se recomendó en los años previos? Este problema se plantea ante los victoriosos representantes de las “alternativas”.

Trump, victorioso bajo consignas “imposibles”, de inmediato luego de la victoria moderó abruptamente su retórica. Él mantiene una política totalmente convencional. La tarea de “secado del pantano de Washington” se recluyó en un alejado cajón, la reforma impositiva de 2017 se llevó a cabo en interés de las grandes corporaciones y la guerra comercial con China por ahora no es más que una amenaza.

El gobierno de Gran Bretaña encabezado por Theresa Mary May intenta realizar una variante “suave” de salida de la UE. ¿No será entonces que la“alternativa” es apenas una selección de palabras atractivas para el electorado?

Por ahora, no hay una respuesta exacta. En cambio, la agenda globalizante pierde atractivo para las propias élites occidentales. Tiene lugar la ruptura de las preferencias del capital global. La producción se hace cada vez más “capital-intensiva” y cada vez menos “laboral-intensiva”, el outsourcing en los países de mano de obra barata se hace cada vez menos beneficioso y el factor de cercanía con los mercados es cada vez más significativo.

La retórica populista de Trump sobre la transferencia de producción de México y China de vuelta a los EE.UU a veces comienza a coincidir con el interés de las grandes corporaciones.

Además, tras los límites del “mundo occidental” existen bastantes ejemplos cuando los gobiernos formalmente no liberales llevan a cabo una política económica neoliberal por su contenido, con frecuencia con medidas mucho más severas que las que podrían permitirse los gobiernos liberales occidentales (China, por ejemplo).

Es bastante posible que una parte significativa de los populistas radicales, que bravuconean con sus consignas negativas, esté dirigida no a la ruptura del mainstream, sino a su banal incorporación al establishment.

A propósito, no es nada nuevo, ha sido el típico problema de los socialdemócratas ya desde principios del siglo XX.

AUTOR: KIRILL PETROV y ALEXANDR ZÓTIN

FUENTE: URGENTE 24

En defensa de Occidente

Tras el calamitoso fracaso del comunismo y las crisis originadas por los excesos socialistas, los enemigos de los valores de la civilización occidental vuelven a cuestionar de nuevo los principios fundacionales y operativos de nuestras sociedades abiertas no atacando de frente, como antaño, nuestro sistema de convivencia social, es decir, los valores morales y el sistema democrático de derecho, sino a través de nuevos, variados y múltiples frentes.

En primer lugar, se cuestionan nuestros mejores logros. Vivimos un auténtico apogeo de logros humanos y sociales: esperanza y calidad de vida, acceso a la información, a  la educación, a la salud, crecimiento sin par de la población y al tiempo de la riqueza personal, exterminación de la pobreza, igualdad de oportunidades, etc. Frente a los contundentes argumentos empíricos que sostienen que vivimos el mejor mundo que haya existido nunca gracias a los valores de nuestra civilización occidental, nuestros enemigos se inventan falsas desigualdades amén de ignorar el enorme caudal de logros que no cesa de crecer.

Frente al imperio de la ley y la limitación del poder del Estado democrático, los actuales antisistema defienden una democracia ajena a la ley

En segundo lugar, se subvierte el Estado de Derecho. Frente al imperio de la ley y la limitación del poder del Estado democrático, los actuales antisistema –con los populistas y los nacionalistas al frente– defienden una democracia ajena a la ley para cursar sus más disparatadas ensoñaciones sin respeto alguno por la libertad individual que resultaría aplastada por sus delirios totalitarios si alcanzaran el poder.

En tercer lugar, se niegan las tradiciones. Los padres escolásticos de la Universidad de Salamanca descubrieron que las instituciones espontáneas, las nacidas y desarrolladas libremente con éxito por la sociedad civil, son cruciales para comprender los mejores logros de la historia humana: el lenguaje, la familia, el derecho, el mercado, la división del trabajo, el dinero, la ciudad, la democracia, el Estado, etc.

A tales instituciones cabría añadir muchas otras; desde los entierros y funerales hasta las procesiones, los bailes, las romerías, las fiestas populares, los toros, etc., todas ellas fruto de la tradición, que al decir de C.K. Chesterton “no es otra cosa que la democracia extendida en el tiempo”. A los populistas les fascina prohibir las libres tradiciones, imponer sus lenguas y sustituir la democracia histórica naturalmente manifestada por sus enfermas ensoñaciones.

En cuarto lugar, se atacan los símbolos del progreso de Occidente. El automóvil es el símbolo mas elocuente de la libertad y del progreso material de Occidente y, junto con las autopistas, una de las más grandes expresiones de la libertad humana. Ambos están típicamente condenados por el populismo de moda que, cuando puede, pone todo tipo de obstáculos a su expansión, con gratuitas escusas y planteamientos ridículamente “rouseaunianos” a favor de las bicicletas que prácticamente nadie usa, ¡mientras no estemos obligados a ello!

La tradición, según C.K. Chesterton, “no es otra cosa que la democracia extendida en el tiempo”

En quinto lugar, se impone la ideología de género frente a la ciencia biológica. No conformes con la obvia libertad personal y el reconocimiento  de derechos consustanciales con la naturaleza sexual de las personas: heterosexuales, homosexuales y transexuales, el populismo pretende transgredir la naturaleza humana de carácter biológico, científicamente amparada, con argumentos puramente ideológicos que llegan a cuestionar principios como la patria potestad de los padres en la educación de sus hijos. El fin último de este proceso no es otro que la exterminación de la familia como eje vertebrador del desarrollo de la sociedad humana.

En sexto lugar, se sublima el Estado frente al individuo. En lugar de la responsabilidad personal, como máxima expresión del ejercicio de la libertad, para buscarse la vida, los populistas ofrecen la panacea de la dependencia del Estado, que incapaz de crear riqueza reparte la miseria entre todo el mundo con la excepción de la élite gobernante. Los ciudadanos así educados –en la inseguridad en si mismos– creen que su destino no depende  de ellos sino de “los que mandan en el Gobierno”. Los países más prósperos están libres de esta tara mientras que los más pobres malviven con ella.

En séptimo lugar se convierte en anatemas la Defensa y la Seguridad del Estado. Para el populismo la defensa y seguridad de la patria son anatemas que junto con la guerra, por justa que sea, no merecen atención positiva alguna. Los uniformes, la disciplina, el honor, la jerarquía, el orden, etc… todos ellos valores fundacionales de la civilización occidental deben ser extirpados incluso de los libros de texto de historia. Curiosamente en los países comunistas tanto la seguridad como la defensa son los ejes materiales de su existencia.

En octavo lugar, se fomenta la mala educación como garantía de éxito del populismo. La expulsión de las aulas de valores como: la disciplina, el esfuerzo, el mérito, la jerarquía del saber, el respeto a la autoridad del profesor, etc., junto con la desaparición de exigencias académicas y la enseñanza de falacias históricas sin cuento conforman una auténtica fábrica de “dependientes del Estado”, que sólo las familias con sentido de la responsabilidad pueden eludir…si tienen medios para ello.

En noveno lugar, se obstaculiza la función empresarial. Como en una sociedad no estrictamente comunista no se puede prohibir el ejercicio de la función empresarial, el  nuevo socialismo o populismo se dedica a obstaculizarla mediante impuestos, barreras administrativas, normas innecesarias, competencia desleal, etc., que limitan su desarrollo y empobrecen la sociedad.

¿Seguiremos cruzados de brazos o afrontaremos como merece el desafío de la desnaturalización de nuestra civilización?

En décimo lugar, se impulsa una política que implica la constante invención de derechos. Los políticos populistas se caracterizan por la invención sin fin de derechos que llaman sociales sin que nadie los reclame ni se puedan financiar sin deuda, es decir con cargo a las nuevas generaciones a las que no se puede preguntar. El resultado final no puede ser otro que una crisis financiera como la sueca de los años noventa y la más reciente que ha producido en España un estancamiento económico de diez años y una pérdida potencial de renta per cápita de al menos un 30-50%.

En undécimo lugar, se promueve un adanismo reinventor de la historia. No conformes con la historia real los enemigos de nuestra civilización la tergiversan de acuerdo con sus intereses, como si fuese posible rehacerla y hasta inventan palabras y ríos: casi cien recientemente en Baleares.

A diferencia del pasado histórico los enemigos de Occidente habitan dentro de nuestras fronteras, mientras que un buen número de países no occidentales utilizan abiertamente nuestras mejores instituciones: la libertad individual, el Estado de Derecho, la propiedad privada, la libre competencia en los mercados, el derecho mercantil, la seguridad jurídica, etc  para prosperar. Es el caso de los entramados institucionales de los países no occidentales que han conseguido prosperar y competir mundialmente como Japón, Corea del Sur, Singapur, Hong Kong, etc. ¿Seguiremos cruzados de brazos o afrontaremos como merece el desafío de la desnaturalización de nuestra civilización?.

AUTOR: JESÚS BANEGAS

FUENTE: DISIDENTIA

Diversidad, ideología, explosiones: superhéroes y progresismo en Hollywood

Cultura y política están estrechamente ligadas. Cabe preguntarse si las superproducciones de superhéroes progresistas, como Wonder Woman y Black Panther, desplazan los valores de su público en una dirección más tolerante. No es una esperanza absurda, pero sí un tanto precipitada. Para encontrar superhéroes subversivos, hay que buscar fuera de los grandes estudios de Hollywood.

En la era de Donald Trump, la diversidad triunfa en taquilla. Es lo que se desprende de los datos recabados por Box Office Mojo, web que recuenta los ingresos de estrenos en la gran pantalla: en las doce primeras semanas de 2018, solo una transcurrió con una película protagonizada por hombres blancos liderando la recaudación en taquilla. El resto del tiempo dominaron películas en las que los papeles principales pertenecen a mujeres o minorías étnicas.

Una parte sustancial de este cambio, que se anunciaba a lo largo del año pasado, lo ha generado el empuje de una nueva hornada de películas de superhéroes. Los ejemplos más destacados son Wonder Woman (Patty Jenkins, 2017) y Black Panther (Ryan Coogler, 2018). No resultan tremendamente innovadoras desde un punto de vista técnico, pero hacen una fuerte apuesta en términos de representatividad al dirigirse a dos colectivos —mujeres y afroestadounidenses, respectivamente— que perciben con inquietud el giro derechista de Estados Unidos.

Cultura y política son ámbitos estrechamente ligados, por lo que cabe preguntarse si estas películas desplazan las actitudes populares en una dirección más progresista. ¿Se puede considerar que el éxito de Wonder Woman y Black Panther vuelven sociedades como la estadounidense más inclusivas? No es una esperanza absurda, pero sí un tanto precipitada. Si la presidencia de Trump exige referentes sociopolíticos alternativos a los de un sistema de partidos agotado, esos modelos difícilmente pueden emerger del sistema de estudios de Hollywood.

Para ampliar“El trasfondo político en las películas de superhéroes”, podcast en Julia en la Onda, 2018

¿Superhéroes politizados?

Antes de empezar, conviene hacer tres aclaraciones. En primer lugar, la crítica a este subgénero no guarda relación con su carácter identitario —es decir, centrado en la representatividad de género o étnica—. Muchas de las mejores películas estadounidenses recientes se centran precisamente en las inquietudes del Estados Unidos negro. Es el caso de I Am Not Your Negro, documental sobre el escritor afroestadounidense James Baldwin; Moonlight, que aborda la homosexualidad en comunidades negras, o Get Out, una crítica contra el racismo del progresismo biempensante estadounidense. Entre las películas recientes de tema femenino destaca Ladybird, que arrasó en las nominaciones a los Óscar.

Tampoco se trata de criticar las películas de superhéroes como tales. Aunque el género levanta pasiones —como en 2015, cuando el director mexicano Alejandro González Iñárritu las consideró un “genocidio cultural”—, también puede proporcionar historias ingeniosas y subversivas. La cuestión es examinar superproducciones de superhéroes pretendidamente progresistas, un subgénero que no deja de estar diseñado para maximizar ingresos y que debería entenderse como una propuesta comercial más.

No obstante, estas películas desatan emociones. En la derecha abundan quienes se ofenden desmedidamente ante lo que consideran el enésimo despropósito cometido en aras de la “corrección política” y varios progresistas, con una concepción algo limitada de la política, responden expresando su compromiso ideológico a través del consumo de productos como Wonder Woman o Black Panther. Las películas pasan así a convertirse en fenómenos sociales arrolladores ante los que ningún ciudadano informado puede permanecer indiferente, una dinámica que produce situaciones entre ridículas y cómicas. Naturalmente, las productoras se benefician de la notoriedad que generan estas escaramuzas culturales y no tienen problemas a la hora de promover sus películas en estos términos.

Nada de lo anterior implica que estos superhéroes estén más politizados que sus compañeros de fatiga en Marvel y DC. Como señala el crítico cultural Víctor Lenore, gran parte del interés de los superhéroes radica en su trasfondo político. En el extremo reaccionario encontramos a Iron Man y Batman, playboys multimillonarios que dedican su tiempo libre ­­a eliminar criminales extrajudicialmente. El segundo tal vez se haya convertido en el superhéroe más retrógrado tras la saga dirigida por Christopher Nolan, en la que se insinúa, con escasa sutileza, que la ciudadanía es demasiado estúpida como para entender la realidad y merece ser manipulada. En el extremo progresista estarían los X-Men, patrulla integrada por inadaptados discriminados; Spiderman, trasunto del pringado empollón, y Daredevil, ciego y de izquierdas.

Existential Comics@existentialcoms
 
 

Batman and Iron Man teach us that it’s good for billionaires to build advanced weaponry to use extrajudicially to keep the existing social order stable.

 

Dos casos sugerentes son los de Superman y Capitán América, convertidos en significantes vacíos. Superman proviene de Kansas, por lo que representa al Estados Unidos profundo —no costaría imaginarle votando a Trump—, pero también es un superhéroe con características típicamente judías: extranjero en su propia sociedad y empleado en una profesión burguesa, intelectual y predominantemente progresista como es el periodismo. Y si Capitán América puede parecer, en virtud de su nombre y apariencia, un icono nacionalista, también tiene un origen antifascista, pues fue diseñado como un supersoldado para derrotar a las potencias del Eje. En un episodio de 2015, el cómic de Capitán América generó controversia al enfrentar al superhéroe contra una organización de supremacistas blancos.

Feudalismo identitario y moderación ideológica

Wonder Woman y Black Panther comparten suficientes características como para convertirlas en embajadoras de un subgénero particular: el taquillazo de superhéroe progresista. Dirigidos principalmente a grupos que experimentan una discriminación real en nuestras sociedades, ambos se convirtieron en fenómenos de masas. El resultado son enormes recaudaciones en taquilla: unos 820 millones de dólares para Wonder Woman, en tanto que Black Panther, que sigue en taquilla, ya ha sobrepasado los 1.300.

A estas similitudes se une una estructura narrativa parecida. Los dos héroes crecen en sociedades que reflejan las particularidades de su identidad: Diana, en la isla protohelénica de Temiscira, poblada exclusivamente por mujeres; T’Challa, en Wakanda, un pequeño Estado en África oriental. Temiscira y Wakanda se mantienen aislados del resto del mundo mediante dispositivos divino-tecnológicos, de manera que las supuestas bondades de sus culturas quedan circunscritas a una burbuja. En este sentido, guardan un paralelismo evidente con Hogwarts, el colegio de magos al que asiste Harry Potter y que muchos progresistas anglosajones insisten en presentar como una Arcadia feliz.

Al igual que Hogwarts, con sus elfos esclavizados y su abundancia de magos supremacistas, la composición social de estos enclaves, más allá de un buenismo superficial, resulta inquietante. Estamos ante monarquías de dudoso encaje constitucional, que compensan su obsolescencia política con sociedades hipermilitarizadas y sistemas de defensa disuasorios —Temiscira custodia una espada capaz de matar dioses; Wakanda cuenta con el monopolio de un metal singular, el vibranio, que le permite desarrollar una tecnología puntera y superar las contradicciones de clase entre sus ciudadanos—. Es así como mantienen su competitividad en una arena internacional en la que, por otra parte, ni siquiera participan. En vez de ser utopías feministas o afrofuturistas, representan un sistema que, a falta de un nombre mejor, puede llamarse feudalismo identitario; socialmente retrógrado, espera ser redimido por las características innatas de sus componentes.

El siguiente paralelismo es que, aunque los dos superhéroes podrían protagonizar obras radicales —imaginemos a T’Challa exterminando sistemáticamente a los asesinos de Patrice Lumumba, estilo Múnich, o a Diana derrocando a un monarca saudí a latigazos—, el mensaje que ofrecen es bastante pacato. Wonder Woman se nos presenta como una adalid del feminismo neoliberal que promueven altas ejecutivas como Sheryl Sandberg. Su proceso de empoderamiento consiste en desempeñar con mayor soltura que un hombre una actividad profesional intensa en sectores tradicionalmente dominados por varones, como son la alta política o el campo de batalla —concretamente, el frente francés en la Primera Guerra Mundial—.

A pesar de referentes como Wonder Woman, la industria del cine hollywoodiense sigue estando copada, tanto dentro como fuera de la pantalla, por los hombres. Fuente: Bitch Media

Peor aún, su historia es una alegoría sobre las virtudes del intervencionismo militar, en la medida en que el villano, Ares, pretende firmar un armisticio con Alemania como paso previo para promover un exterminio masivo. La paz que Diana busca establecer en el mundo solo puede alcanzarse mediante el uso de la fuerza armada. “Si quieres paz, prepárate para la guerra”. La película, predeciblemente, obtuvo el reconocimiento de neoconservadores que la entendieron como una reivindicación de su intervencionismo militar. Lo que sorprende es el nulo sentido histórico del guionista, que decidió presentar la Primera Guerra Mundial, antesala de la segunda, como un conflicto ineludible para obtener una paz duradera.

Black Panther da más juego, porque está planteada de manera inteligente. La puesta en escena, con guiños a los Panteras Negras estadounidenses, era provocadora. Wakanda tiene un atractivo innegable para un público afro o progresista, en la medida en que representa un reino africano que ha logrado un desarrollo tecnológico superior al de Occidente sin abandonar sus tradiciones autóctonas. El propio reino es un guiño al pasado de África, que en tiempos preindustriales contó con sociedades más ricas y sofisticadas que las europeas.

Otra cuestión es qué hace Wakanda con el talento y el vibranio que, literalmente, le ha llovido del cielo. Aquí, de nuevo, el balance es desalentador. Como monarca absoluto, T’Challa descubre que el aislacionismo es insostenible y su reino debe implicarse en alguna actividad internacional, más allá de colaborar ocasionalmente con la CIA. Así, decide financiar programas educativos en barrios afroestadounidenses deprimidos, una política exterior de filántropo apocado cuya solidaridad no se extiende más allá de las fronteras del Estado, que gestiona con criterios estrictamente westfalianos. Hemos de suponer que, mientras Fidel Castro enviaba 50.000 soldados cubanos a defender Angola de la Sudáfrica del apartheid, T’Challa se habría fumado un puro.

En realidad, resulta mucho más sugerente su némesis, Erik Killmonger. A diferencia del protagonista mimado, Killmonger, criado en un barrio duro de Oakland, es un superdotado hecho a sí mismo que se graduó en la academia naval de Annapolis a la poco coherente edad de 19, estudió en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (conocido por sus siglas en inglés: MIT) y luchó en una unidad militar de élite. Estas experiencias solo inflaman su odio hacia las potencias blancas, que discriminan a sus minorías étnicas y bombardean países pobres.

La película, sin embargo, niega al villano cualquier atisbo de inteligencia política. Pese a querer poner el vibranio al servicio de los condenados de la tierra, Killmonger no parece haber leído a Frantz Fanon ni visitado a Noam Chomsky cuando estudiaba en el MIT. Lejos de defender un antiimperialismo coherente, solo le interesa destronar a sus enemigos para ocupar su posición. La película reproduce así dos actitudes propias del racismo blanco: la idea de que la superioridad tecnológica implica un mayor desarrollo moral y la noción de que la violencia que los oprimidos dirigen contra sus opresores carece de sentido. Tal vez por eso la película obtuvo una reseña positiva del blog ultraderechista Breitbart, que compara a T’Challa con Trump y a Killmonger con un auténtico Pantera Negra.

¿Hay alternativas?

Se podría objetar que se trata, sencillamente, de películas para pasar la tarde del domingo. Jenkins y Coogler están adaptando cómics, no la obra completa de la Escuela de Fráncfort. Pero cómics, películas y política no son compartimentos estancos, especialmente cuando los productos culturales se promocionan anunciando sus bondades ideológicas. Además, existen superhéroes que, sin darse tantos aires, transmiten un mensaje progresista de manera eficaz y amena. La mayoría de estos referentes hay que buscarlos fuera de Hollywood.

Aunque sus protagonistas no sean superhéroes en sentido estricto, Mad Max: Furia en la carretera tal vez sea el ejemplo más destacado. La obra se caracteriza por la apuesta radical por una visión comunal del heroísmo y una relación profundamente igualitaria entre sus personajes, obligados a huir de un villano que controla los medios de producción —el suministro de agua y petróleo en una Australia devastada—. Pese al innegable magnetismo del personaje principal, Imperator Furiosa, el mensaje feminista más poderoso de la película se encuentra en una tribu de moteras que, pese a saber defenderse, ha optado por construir una cultura menos estéril y patriarcal. Además, tiene el mérito artístico de contar con escasos efectos especiales.

El segundo ejemplo es la serie de animación japonesa One-Punch Man. Su protagonista es Saitama, un tipo con una destreza tan espectacular que elimina a sus enemigos de un solo puñetazo. En una megaurbe en la que abundan los villanos, ninguno está a la altura de Saitama, que se siente poco realizado. La serie juega constantemente con el espectador, inflando sus expectativas con monstruos cada vez más abrumadores a los que el protagonista, con cara de tedio, despacha de un puñetazo. Las principales inquietudes de Saitama son llegar a fin de mes, hacer la compra antes de que caduquen sus ofertas de descuento e intentar medrar en la organización oficial de superhéroes, excesivamente burocratizada y llena de trepas, pelotas y ególatras —un entorno laboral como cualquier otro—.

Saitama cuenta con un seguidor incondicional, el cíborg Genos, que admira su talento marcial. Sin embargo, el protagonista lo cambiaría gustosamente por el éxito social de su discípulo, que acumula grupis y triunfa en la organización de superhéroes. Saitama es tan gafe que hasta sus victorias son pírricas, pues los vecinos le recriminan los cuantiosos daños en infraestructura y mobiliario que causa durante las peleas. La serie deja claro que un mundo con superhéroes y supervillanos sería exponencialmente peor, pues millones de ciudadanos serían masacrados cada vez que luchan. Los superpoderes no causarían un genocidio cultural, como advertía Iñárritu, sino un genocidio a secas.

Ni Mad Max ni One-Punch Man hacen alarde de los valores que promueven, lo que es de agradecer en un sector que parece apostar más y más por un moralismo lucrativo. Ambas historias presentan universos complejos que no terminan de explicar, por lo que el espectador tiene espacio para asombrarse sin la impresión de que le están dando el mensaje masticado. Plantean cuestiones relevantes, pero tratan a su público como adultos capaces de formarse una opinión propia. En una época en que la producción cultural tiende a la infantilización de los espectadoresindependientemente de los valores que promueva, estos tal vez sean los elementos más subversivos que cabe esperar en series y películas de superhéroes.

AUTOR: JORGE TAMANES

FUENTE: EL ORDEN MUNDIAL

España: taller de visibilidad lésbica para adolescentes

El Instituto González de Aguilar de Ayamonte (Huelva) llevó a cabo un taller dirigido a alumnos de 4º de la ESO con motivo del ‘Día de la Visibilidad Lésbica’. Lo organizaba el Ayuntamiento y consistía en que los estudiantes respondían a preguntas sobre términos feministas.

En HazteOir.org llevamos más de un año denunciando que las ‘leyes LGTBI’ no son una broma ni un texto ininteligible en el boletín oficial de la comunidad autónoma que corresponda. Son de obligado cumplimiento y afectan a personas concretas, especialmente a los niños y adolescentes, a los que se hace vivir fuera de la realidad, Manipulan, adoctrinan y pretenden moldear la sociedad, lavar el cerebro a las personas desde una ideología que asegura que el ‘género’ es un sentimiento líquido, mutable e intercambiable. Y para muestra, tres botones.

La celebración, el pasado 26 de abril, del ‘Día de la Visibilidad Lésbica’. Que, por si no lo saben, tiene lugar el 26 de abril y lo celebran todas las asociaciones LGTBI -convenientemente regadas con dinero público, de ustedes y mío- con una completa agenda de actos. Personalmente creo que la gente puede celebrar lo que crea oportuno siempre que se lo paguen, cosa que en este caso no ocurre. Pero el tema es otro.

Con motivo de tan señalada fecha, determinadas asociaciones llevaron a los centros educativos la ‘visibilidad lésbica’. Por ejemplo, el Instituto de Enseñanza Secundaria (IES) González de Aguilar de Ayamonte (Huelva) llevó a cabo un taller dirigido a alumnos de 4º de la ESO (15-16 años). Lo organizaba el Área de Igualdad y Género del Ayuntamiento y consistía en un juego tipo ‘Pasapalabra’ en el que los estudiantes respondían a preguntas sobre términos feministas. La teniente de alcalde responsable del Área de Igualdad y Género, Laura Sánchez (del Partido Popular), se mostró muy satisfecha por la actividad y recordó que “Ayamonte es una ciudad tolerante y respetuosa que pertenece a la Red de Municipios Orgullosos de Andalucía desde 2017”.

Y un par de semanas antes del ‘Día de la Visibilidad Lésbica’ la asociación Arcópoli mostraba en redes sociales una ‘actividad para la diversidad’ que habían desarrollado en el IES Virgen de la Paz de Alcobendas (Madrid) con un ‘grupo de animación’. 

Alumnos del centro educativo público ‘Virgen de la Paz’ de Alcobendas durante un ‘taller para la diversidad’.Alumnos del centro educativo público ‘Virgen de la Paz’ de Alcobendas durante un ‘taller para la diversidad’.

Por su parte, en el IES Duque de Rivas, situado en Rivas Vaciamadrid (Comunidad de Madrid) se desarrollan a lo largo del mes de mayo las Jornadas LGBTI+H con un completo programa de actividades sobre temas LGTBI con activistas del ‘ambiente’ y personalidades como el exjuez Baltasar Garzón. Este centro educativo público es bien conocido por su adoctrinamiento educativo en esta materia, como demuestra la imagen.

Alumnos del Instituto de Enseñanza Secundaria Duque de Rivas con la bandera LGTBI.Alumnos del Instituto de Enseñanza Secundaria Duque de Rivas con la bandera LGTBI.

Y ustedes me dirán, con inocencia cándida. “Bueno, si verdaderamente hay acoso contra chavales bien está que se realicen actividades contra la homofobia en los centros educativos”.

Ya hemos dicho en repetidas ocasiones que no es admisible la discriminación ni el acoso ni la violencia contra ninguna persona, menos todavía si son niños o personas vulnerables. No es admisible. Es intolerable. Pero no sólo debemos condenar las burlas y agresiones a niños y adolescentes que parecen tener atracción hacia personas del mismo sexo o tienen confusión de género. No debemos consentirlas contra los niños bajitos, gorditos, inmigrantes o que presentan cualquier diferencia incluida la discapacidad.

La ‘ley LGTBI’ de la Comunidad de Madrid obliga, a “incorporar la realidad lésbica, gay, bisexual, transexual, transgénero e intersexual en los contenidos transversales de formación”

Pero ese no es el tema. Lo grave es que con estas actividades se manipula a niños y jóvenes para adoctrinarlos en ideología de género para que se cuestionen su identidad sexual. Es una forma refinada de manipulación de menores que no es nueva en las aulas españolas pero que ahora, con las leyes LGTBI aprobadas en 13 comunidades autónomas, es obligatoria.

Por ejemplo, la ‘ley LGTBI’ de la Comunidad de Madrid obliga, a “incorporar la realidad lésbica, gay, bisexual, transexual, transgénero e intersexual en los contenidos transversales de formación”. Y también a incluir en los planes educativos “pedagogías adecuadas para el reconocimiento y respeto de la diversidad existente en cuanto a configuraciones genitales y su relación con las identidades, por lo que se incluirá en los temarios, de forma transversal y específica, integrando la sexualidad e intersexualidad”. Es decir, que los niños tienen vulva y las niñas tienen pene, a eso se refiere la norma autonómica. En todos los centros educativos y para alumnos de todas las edades. Textos similares encontramos en Galicia, Andalucía, Extremadura o Cataluña. Porque estas leyes son calcadas, diseñadas con la misma plantilla.

¿Y quien va a impartir los contenidos LGTBI? ¿Docentes de alguna materia? ¿Médicos? ¿Enfermeros? ¿Científicos. No. Activistas de los grupos LGTBI que viven de predicar su ideología y ahora se introducen en las aulas por imperativo legal. Reciben ayudas públicas, se introducen en centros educativos sostenidos con fondos públicos y ‘juegan’ con los menores. Todo legal. No sólo legal. ¡Obligatorio!

Seamos o no conscientes, estamos ante una de las mayores ofensivas ideológicas de la historia. Lo siguiente será prohibir al profesor de biología explicar la sexualidad humana. Y a las editoriales incluir una imagen de una familia natural porque “discrimina” a los LGTBI. Ha llegado el momento de decir ¡basta! y rebelarse contra los que nos quieren imponer su particular de visión de la persona y de la sexualidad humana empezando por la escuela. Contamos con todos ustedes.

AUTORA: TERESA GARCÍA NOBLEJAS

FUENTE: ACTUALL

#SilencioMediático: del rechazo a la censura nace la contracultura

Con golpes, insultos y escupitajos, manifestantes feministas y LGBTQIA+ intentaron censurar un evento que expone cómo la nueva izquierda utiliza a estos grupos para alcanzar sus objetivos.

En el marco de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el evento que más concurrencia tuvo, superando incluso en número al premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa, no tuvo cobertura mediática. “La Revolución Silenciosa, diálogo sobre la ideología de género y la revolución cultural” de Agustín Laje y Nicolás Márquez, los autores de El libro negro de la nueva izquierda, convocó a 1.200 personas, dejó fuera a cientos y a la salida los concurrentes y simpatizantes que no lograron entrar fueron recibidos por manifestantes en contra de la conferencia con agresiones.

Según indican los organizadores, la referencia de comparación surge ya que Vargas Llosa se presentó en el mismo salón que los escritores argentinos. Sin embargo, no se llenó tanto que fue necesario que haya espectadores sentados y la firma de libros en su caso duró alrededor de una hora y no más de tres, como sucedió en el caso de Laje y Márquez.

Alrededor de 600 personas se acercaron luego del panel para que los autores firmaran sus libros, cuya venta superó la cifra de concurrentes (pues varios llevaron más de uno por cabeza). Se armó una valla para custodiar a los concurrentes de los escupitajos, gritos, golpes e insultos por parte de los manifestantes feministas y LGBT que abogaban por la despenalización del aborto y en exigencia que se censure -e incluso criminalice- a oradores cuyos argumentos  denominan “discurso de odio”.

Tanto la convocatoria como el silencio mediático (que los escritores invocaron como lema frente a la falta de cobertura de lo sucedido) y la resistencia exponen no solo una hegemonía cultural, sino el porqué surge una contracultura tan vehementemente rechazada.

Para comprender este fenómeno social, los autores explican que cuando se derribó el Muro de Berlín y se desmoronó la Unión Soviética, la izquierda política se vio en la necesidad de reinventarse. La lucha del marxismo dejó de ser solo-la lucha de clases, entre proletarios y burgueses. La revolución adoptó la “transversalidad” como herramienta para agrupar a los “marginados”, de modo que los “sujetos de opresión” se sumasen a su causa. Esto incluye aspectos como raza, sexo, género, preferencia e identidad sexual.

Sin embargo, remarcan que fue agravado en ese momento histórico, pero no nació ahí. En 1848, Engels, sucesor de Marx, en su obra El Estado, la familia y la propiedad privada, consagra a la mujer como proletaria y al hombre como burgués, llevando así la lucha de clases a la guerra entre sexos.

Es decir, en lugar de considerar a las personas como individuos capaces de lograr sus objetivos y libres de alcanzarlos, más allá de aspectos de su identidad que no eligió, como los biológicos, como pregona el liberalismo, ubica a las personas en clases oprimidas u opresoras.

Por ello, de acuerdo con la lógica redistribucionista del socialismo, para lograr la igualdad, hay que quitar a unos para dar a otros. Entonces, a modo de “justicia social”, los autoproclamados grupos marginados, exigen la expropiación incluso de espacios público y privados de las supuestas clases privilegiadas en beneficio de quienes sostienen no lo son. Esto justificaría silenciar a los primeros, como es el caso de los escritores que expusieron en la Feria del Libro.

AUTORA: MAMELA FIALLO
FUENTE: FUNDACIÓN LIBRE

Cuáles son los fundamentos de la ‘discriminación positiva’

Desde hace algunas décadas, distintas tradiciones que confluyen de una manera u otra en su crítica a un statu quo que podría denominarse “liberal-moderno-occidental”, han hecho hincapié en que la igualdad ante el derecho no es real sino meramente formal. Esto quiere decir que, en la práctica, por razones étnicas, socioeconómicas, culturales, religiosas, de género o de orientación sexual, muchos individuos reciben un trato desigual en relación a aquellos que pertenecen al “patrón de normalidad” que, en Occidente, se sintetizaría en el “varón blanco heterosexual y socioeconómicamente integrado”.

Con ese diagnóstico de fondo, viene avanzando en las últimas décadas la idea de establecer políticas públicas de lo que se conoce como “affirmative action” o también “discriminación positiva”, esto es, identificar al grupo que por alguna razón está siendo postergado y establecer desde el Estado, una política que, de forma temporal, permita que, en un lapso razonable, sus miembros logren que la igualdad formal sea una experiencia concreta.

Para indicar algunos ejemplos, restringiéndome solo a Latinoamérica, en los últimos años este tipo de políticas derivó en derechos especiales de representación legislativa por género en Argentina, Bolivia, Brasil y Ecuador, entre otros; derechos especiales de representación legislativa por etnia en Venezuela, Colombia y Perú; derecho colectivo sobre la propiedad de la tierra en Venezuela, Argentina y Ecuador; derechos vinculados a la orientación sexual en Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia y Ciudad de México, y derechos lingüísticos en Venezuela, Brasil, Argentina y Bolivia, entre otros.

Si bien la efectivización de estos derechos ha tenido resultados diversos y cumplimientos disímiles en cada uno de los países, hay cierto consenso en que, sin dudas, ha logrado que los grupos en cuestión tuvieran mayor participación en los debates públicos y lograran una mayor integración cultural como ser el caso de, por ejemplo, lo que en Argentina fue el matrimonio gay, rebautizado “matrimonio igualitario”.

El otorgamiento de estos derechos especiales genera tensiones con principios de la tradición occidental como la concepción individualista de los derechos y la meritocracia

Sin embargo, claro está, el otorgamiento de estos derechos especiales genera, como mínimo, tensiones con principios caros a la tradición occidental. Me refiero a una concepción individualista de los derechos y a la meritocracia.  Respecto de la primera, hay enormes dificultades en torno de la problemática de la titularidad del derecho pues la idea de que solo pueden ser titulares del derecho los individuos parece poner límites claros a los intentos de avasallamientos de otro individuo o de un Estado, pero el asunto deviene más difuso cuando se trata de derechos colectivos. ¿Quién es el titular de un derecho colectivo de la tierra que, por definición, es indivisible? ¿Qué sucedería con la propiedad de algún miembro que deseara abandonar la comunidad?

No este es el espacio para profundizar en esta discusión pero téngase en cuenta que hay distintos autores que tratan de diferenciar entre derechos colectivos cuya titularidad es colectiva y derechos de grupos cuya titularidad es individual, aunque se pueden ejercer solo como parte de ese grupo. Más complejo aún deviene todo cuando, como una pendiente resbaladiza, quienes hablan de derechos diferenciados para grupos también exigen derechos para animales no humanos, o casos como los de la Constitución de Ecuador y Bolivia en los que se establece que existen los derechos de una entidad como “la naturaleza”.

Respecto de la segunda, los liberales más consecuentes afirman que las acciones de discriminación positiva atentan contra el mérito porque, por ejemplo, una ley de cupo que estipule que un porcentaje de los cargos legislativos, de los ingresos a una universidad, o de las becas que el sistema científico brinda, se distribuya entre mujeres, afroamericanos o individuos residentes en regiones alejadas de las grandes urbes respectivamente, supone un trato desigual e injusto para todo aquel que viva en una gran urbe, y no sea ni afroamericano ni mujer. Incluso algunos afirman que la identificación de grupos “desaventajados” para que reciban ayuda, acaba eternizando la estigmatización bajo una lógica paternalista.

Los liberales, entonces, advierten que para remediar una injusticia se está cometiendo otra y que de una discriminación positiva deviene una discriminación negativa no solo hacia individuos sino también hacia otros grupos. En este sentido muchos se preguntan, por ejemplo, por qué se otorga un cupo de representación a las mujeres y no a los gays. O por qué hay asientos reservados para representantes de etnias y no para representantes de gente pobre. Y si se les diera ese beneficio a los pobres por qué no dárselo a un grupo determinado generacionalmente y castigado en todo Occidente como los ancianos. Claro que si se les diera a los ancianos habría buenas razones para brindarles ese beneficio a los discapacitados…

Lo que está en juego es una concepción de la constitución de la comunidad, el criterio para determinar qué es un grupo y cuál de éstos resulta postergado

La lista puede seguir al infinito y quienes defienden priorizar un grupo sobre otros utilizan distintas argumentaciones que incluso se puede remontar a alguna injusticia cometida siglos atrás. Pero hurgando en lo profundo se cae en la cuenta que lo que está ahí en juego es una concepción casi metafísica de la constitución de la comunidad en cuestión del cual surgiría un criterio para determinar qué es un grupo y cuál de éstos resulta postergado. Si desde mi punto de vista considero que la etnia es el elemento constitutivo de mi comunidad, postergaré a las mujeres, a los gays, a los discapacitados y a los pobres porque el parteaguas de mi comunidad es étnico.

Pero también podría creer que el elemento constitutivo de mi sociedad es el hecho de haber nacido varón o mujer, o la desigualdad generada por el capital, y allí deberían privilegiarse otro tipo de políticas. El hecho de que no surja un criterio “universal” u “objetivo” hace que quienes se oponen a este tipo de políticas puedan esgrimir que, finalmente, lo que hace que en algunas sociedades se decida favorecer a un grupo en detrimento de otro tiene que ver con razones muy poco neutrales, pues la explicación no radica en otra cosa que la capacidad de lobby y las fluctuaciones de la cultura de cada época.

Como se pudo ver, estas líneas buscaron exponer brevemente cierto estado de la cuestión en lo que refiere a políticas de discriminación positiva. Se trata de un mínimo aporte para clarificar los ejes de una discusión que hoy en día está adoptando carriles inusitados de violencia. Tengo bien presente que la historia de la adquisición de derechos no es una historia solemne de diálogos y acuerdos sino de disputas y conquistas, pero cierta ingenua conciencia ilustrada todavía me hace pensar que si se comprende de lo que se trata y se dejan a un lado los sentimentalismos casquivanos, la más que atendible reivindicación de derechos podrá transcurrir por senderos que permitan mensurar las urgencias pero también las complejidades y las arbitrariedades que se pueden cometer en nombre de las buenas intenciones.

AUTOR: DANTE AUGUSTO PALMA

FUENTE: DISIDENTIA